Las primeras comunicaciones en el bebé

Los bebés ya nacen con estas capacidades de procesamiento y almacenamiento eficaz, que tiene mucho que ver con la construcción de una buena Función Ejecutiva. Las funciones ejecutivas son aquellas necesarias para la resolución de problemas complejos de todo tipo, implican procesos de planificación, memoria de trabajo (mantener en la mente datos necesarios para la estrategia de resolución de los problemas), inhibición de comportamientos aparentemente prepotentes pero irrelevantes, flexibilidad… En personas con TEA se ha podido observar una alteración en aspectos esenciales de la función ejecutiva. Este déficit en funciones ejecutivas explicaría procesos tales como la dificultad para desengancharse de la atención a un objeto y pasar la atención a un estímulo nuevo, la dificultad para planificar (de ahí la gran ventaja que suponen las agendas visuales para ayudar a la planificación del comportamiento), el contar una información que ya no es nueva, por lo tanto una información irrelevante pero que no puede inhibirse la persona de contarla de nuevo. Este modelo explicativo también permite comprender la inflexibilidad de las personas con TEA, su insistencia en la igualdad y los patrones repetitivos y restringidos de intereses.


Las personas con autismo no nacen con estas capacidades ya definidas, pero sí con el potencial para desarrollarlas. Se pueden potenciar o no en función de cómo eduquemos y cómo nos relacionemos, por lo que la calidad de las interacciones en los niños y niñas con TEA va a fortalecer o debilitar estas habilidades. Demos pues la oportunidad al alumnado con TEA de tener experiencias enriquecedoras, relaciones significativas y participación plena en el entorno escolar. Siempre se ha destacado que es fundamental que el desarrollo se produzca en un entorno cultural determinado, rico en estímulos, coherente y con unas figuras de crianza estables, para que podamos ser individuos empáticos y sociables. Pero en ese equipaje, además de venir preparados para conjugar los datos del mundo social, también hay una capacidad esencial, que es la de atraer la atención de sus progenitores. Por lo que las primeras llamadas de atención de los bebés, además de los lloros y los balbuceos, están llenas de señales comunicativas a las que debemos responder, son llamadas confeccionadas con gestos naturales, como señalar, poner caras, extender las palmas hacia arriba (indicando dónde está), mover la cabeza de un lado para otro (indicando no), mover la cabeza de arriba abajo (indicando sí), despedirse moviendo la mano o abrir y cerrar la mano para pedir algo.

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