Introducción

Debemos anticiparnos a las dificultades que puedan existir en un entorno determinado para el alumnado con TEA, podemos crear un entorno "amigable", dotado de Facilitadores de la Comunicación y de la Conducta, que pueda resolver la mayoría de los escollos con los que, en el día a día, van a encontrarse estas personas. Todo esto lo hacemos basándonos en el Apoyo Conductual Positivo (ACP).

                        Listado de las características que definen el Apoyo Conductual Positivo: análisis de conducta, se centra en el comportamiento positivo, adapta el entorno, reduce los comportamientos problemáticos, mejora el clima familiar y la relación, enseña conductas alternativas, produce cambios a largo plazo
                                      L. Escribano 2002. El Apoyo Conductual Positivo (CC BY-SA)

Después de estas reflexiones podemos entrar en el mundo de la conducta con algún dato más y con la sensibilidad necesaria para ponernos en el lugar de las personas que pueden presentar estas dificultades. Teniendo que ampliar nuestra idea original de que solamente las conductas típicamente malas, eran consideradas conductas desafiantes, y de esta manera, poder ayudar a cualquier persona que, desde la definición de Emerson, vea perjudicada su vida.


Veamos la imagen de cómo se producen nuestras acciones en base a nuestras creencias, cuyo mensaje sería "La acción se inicia en el pensamiento", ya que lo primero que tenemos son nuestras creencias, que posiblemente hayan sido construidas a través de la cultura, la experiencia y la comunicación con los demás, esto nos lleva a sentir de determinada manera y posteriormente a actuar.

         Círculo con 3 términos relacionados en el siguiente orden: Pensamiento, sentimiento y acción
L. Escribano 2002. La acción se inicia en el pensamiento (CC BY-SA)

Vamos a exponer un ejemplo para desmenuzar una conducta que consideramos negativa: Oscar es un niño con TEA de 6 años que vuelca recipientes que tengan líquido, después de varias ocurrencias bastante aparatosas en el comedor escolar, como volcar la jarra de agua, los platos de sopa de todos los de alrededor o el cubo de fregar el suelo... se realiza un análisis de dicha conducta:

  • Antecedente, todo lo que ha ocurrido antes y que nos lleva a la aparición de la conducta. Hora de la comida, Oscar se sienta en su sitio de comer y se coloca la jarra de agua en el centro de la mesa.
  • Conducta, el acto problemático realizado por la persona. Oscar vuelca la jarra de agua.
  • Consecuencias, aquello que ocurre derivado de la conducta. Se expulsa a Oscar del comedor

Pero este modelo, excesivamente simplista, nos deja algunas cuestiones sin examinar y lo reduce todo a tres pasos que, algunas veces (la mayoría), son 4, 7 o incluso 10, ya que se forman cadenas de conducta que tienden a funcionar como un guión de teatro aprendido y difícil de modificar, tanto por parte de la persona que realiza la conducta como de los que la "interpretan" y dan la respuesta aprendida.

Componentes de la conducta: topografía o forma y función
L. Escribano 2002. Componentes de la conducta (CC BY-SA)

Debemos poner mucha atención en los llamados componentes de la conducta:
La topografía o forma, que es la parte externa de la conducta, lo que podemos ver y describir ya que contiene un acto motor, en este caso volcar la jarra de agua.
La función, que es el motivo de la conducta. Es la parte más difícil de analizar, ya que no tenemos componentes externos sino que obedece a motivaciones internas de la persona o a situaciones aprendidas que han dado resultados positivos, viene a ser la causa por la que se realiza. ¿Qué sabemos de esto en el caso que nos ocupa? Puede ser que tenga hambre, puede ser que se aburre, puede ser que le gusta ver el agua desplazándose por una superficie lisa, puede ser que se haya quedado imantado a la cara de susto que ponemos cuando ocurre... Esto es lo que tenemos que analizar cuidadosamente, realizar hipótesis y extraer programas de actuación que nos lleven a mejorar dicha conducta, es decir establecer claves en el entorno para que ésta no aparezca la próxima vez que se den las mismas circunstancias.

Si el objetivo de la conducta puede ser ver cómo se derrama el líquido, ya se ha cumplido nada más realizar la topografía, por lo tanto la salida del comedor no supone una buena consecuencia que consiga reconducir la conducta, por lo que deberíamos anticiparnos a la ocurrencia para conseguir borrar dicha obsesión.

Para analizar e intervenir de forma correcta ante una conducta tendremos que desglosar los dos componentes de la misma y conservar lo que sea adecuado para sustituir de manera adecuada lo que no lo sea.

                        3 Alternativas de dificultades de conducta: Topografía inadecuada-Función adecuada, Topografía adecuada-Funci´´on inadecuada y Topografía inadecuada-Función inadecuada
                        J. Tamarit 2000. Alternativas de dificultades de conducta (CC BY-SA)

No debemos olvidar que la consecuencia negativa puede estar actuando de recompensa, por lo que existe una imantación directa entre la conducta y la respuesta obtenida. Cuando nos empeñamos en la hipótesis de que el castigo elimina la conducta problema nos estamos olvidando de la función (objetivo) de dicha conducta, es decir de la imantación tan potente que tiene a través de la huella construida.

Enfoques de intervención
Ante la conducta que presenta un individuo tenemos dos opciones o momentos de actuación, el antes y el después. Y de ahí que nos encontremos con dos enfoques de intervención, que son el enfoque reactivo y el enfoque proactivo.

"Si desde pequeños intentamos educar en la comunicación y en la negociación evitaremos muchos problemas y dotaremos de recursos a las personas que, por falta de interacciones adecuadas, pueden presentar conductas desafiantes" Escribano y cols. ARCADE 2002

Enfoque reactivo: Son todos aquellos mecanismos que ponemos en funcionamiento cuando la conducta ya ha ocurrido, es muy corriente escuchar la frase "Cuando haga X qué hago", y desde una orientación simplista de estimulo-respuesta pensamos siempre que una respuesta positiva refuerza la conducta y una respuesta negativa la extingue, y así es como acabamos en el castigo, como el gran error de único recurso tangible de reconducir conductas inapropiadas.

Enfoque proactivo: La construcción de un comportamiento adecuado a las normas viene dada por las experiencias positivas, por lo que debemos dar oportunidades al alumnado, de cualquier edad, reforzando las conductas sociales positivas, que si estamos alerta siempre encontraremos el modo de hacerlo. Ejemplo: Podemos enseñar a Pedro a pedir ayuda nada más mancharse de pintura, si quiere lavarse las manos después de pintar, así nos estaremos anticipando a que tenga que presentar una conducta disruptiva, manchando el pelo a su compañera por intentar limpiarse. Como ya apuntábamos anteriormente, el enfoque proactivo está basado en los programas más adecuados de enseñanza para resolver carencias, en gran medida comunicativas y sociales, que nos llevarán a desarrollar los aprendizajes mejores que puedan ayudar a las Personas con TEA.

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