Interacción social en niños/as con TEA

Los niños y niñas con TEA tienen alterada la capacidad para comprender a las personas, entender sus intenciones, sus estados emocionales, su mundo mental. Esto hace que estos niños tengan una peculiar manera de relacionarse. Según Lorna Wing existirían diferentes estilos de interacción social en los niños y niñas con TEA.

Por un lado estarían aquellos que denomina esta autora «reservados» y que serían los que menos interacción social realizan, evitándola en ocasiones, estando en soledad, y que se acompaña generalmente de graves alteraciones en la comunicación verbal y no verbal y presencia de alteraciones importantes de la conducta. Son un grupo de niños que tienden a rechazar activamente la relación que otros les proponen.

En segundo lugar, estarían los «pasivos» en la relación. Según Wing serían aquellos que no inician por sí mismos interacciones sociales pero que si se las proponen otras personas responden a ellas. Sería un niño dócil para la relación, pasivo en cuanto que responde a la relación propuesta pero que no la inicia y tampoco la continua. Su relación estaría basada en obedecer lo que otra persona le indica con órdenes sencillas y comprensibles. No obstantes, su patrón de relación también está alterado y desviado del desarrollo normal, presentando las dificultades ya señaladas para hacer amigos, para entender la forma en la que las personas se relacionan unas con otras, en definitiva dificultades para una interacción social recíproca, no solo responder a la que se ofrece sino también iniciarla.

En último lugar estarían aquellas personas con TEA que Wing comenta que tienen un patrón de interacción social «activa pero extraña». Son personas con TEA que no solo responden a otras interacciones que se le ofrecen sino que también inician ellas mismas interacciones con otras personas, pero estas interacciones son extrañas, raras, no son las esperadas dentro de una relación natural. Por ejemplo, inician la interacción pero solo con temas que son de su exclusivo interés, sin importarles el interés mostrado o no por sus interlocutores (por ejemplo, un niño con TEA que tiene un interés muy restringido en relación con los números y el cálculo numérico y que inicia y mantiene «conversaciones» con otra persona preguntándole reiteradamente en qué día nació, dónde vive, cuál es el número de su teléfono, cuántas son 6 más 37…, aún cuando todas esas respuestas ya las conozca y aún cuando el interlocutor dé signos evidentes de no interesarle esta conversación). También son personas que inician la interacción sin ser conscientes de la disposición de otra persona para ella (por ejemplo, sin parecer comprender que la otra persona está ocupada hablando por teléfono o hablando directamente con otra persona).

Por lo tanto, las personas con TEA no es que no se relacionen con otras personas, o no es que no quieran saber nada de otras personas, o que las rechacen incluso. De hecho los niños y niñas con TEA progresan, con el apoyo adecuado a lo largo del tiempo, en sus competencias para la interacción social. Lo significativo es que tienen alterada la capacidad para procesar la información sutil, compleja, pasajera y variada que caracteriza la información que se da en un proceso de interacción social. Esto es así desde el inicio de la vida: el bebé normal procesa, sin haber tenido que aprenderlo de forma consciente, patrones de información social dados por su mamá, que se caracterizan por ser sutiles, complejos, pasajeros y variados (una mirada, un tono de voz, una postura corporal de acercamiento, todo ello son claves sutiles, además se dan todas a la vez con lo que es un patrón complejo, además cambian permanentemente a cada segundo, son pasajeras, y finalmente no siempre que la mamá se relaciona con su bebé lo hace de forma idéntica, son variadas).

Imagen vía ARASAAC