Participación

Un alumno o alumna con TEA, como cualquier otro alumno o alumna, debe tener un papel importante en todas las actividades de la escuela, participando a la medida de sus capacidades pero siempre en un sentido de progresión, de avance, lo máximo que sea posible. Participar no es solamente “estar al lado de” los iguales, es implicarse con ellos, disfrutar, aprender, avanzar, contribuir. La participación ha de ser la piedra angular en la que basemos el diseño de las programaciones, de las adaptaciones curriculares y del organigrama del centro, trabajando en el marco del aprendizaje incidental, aprovechando cualquier oportunidad que se presente para poner en práctica objetivos escolares. Por ejemplo, si hay que repartir dos folios a cada compañero o compañera, podemos acompañar a nuestro alumno o alumna con TEA a realizar esa tarea (aunque no sepa contar, o precisamente porque esté aprendiendo a contar).
En nuestra práctica diaria va a ser imprescindible enseñar explícitamente reglas. Por ejemplo, de toma de palabra, de turno en los juegos y en las conversaciones (cuándo contestar, interrumpir o cambiar de tema). Esta enseñanza de reglas puede ser a través de guiones en forma de historias sociales (Gray, 1994) que se elaboran primero y se practican después en pequeño grupo o en entornos naturales.

Cuando se planteen actividades de trabajo colaborativo o trabajo en equipo, habrá que marcar una estructura clara de lo que se espera del trabajo final, las fases del proyecto y ayudar a tomar la decisión de quién se responsabiliza de cada tarea dentro del grupo. El alumnado con TEA puede participar de diferentes maneras, según su necesidad de adaptación. Por ejemplo, si pensamos en la asignatura de inglés y en un alumno o alumna que tenga pocas habilidades en este área, podemos diseñar un proyecto en el que tenga una tarea manipulativa como grabar un vídeo, realizar fotos y hacer el montaje, etc.

Es útil dar pautas a los compañeros y compañeras acerca de cómo dar respuesta social adecuada para servir como modelo y cómplice del alumno o alumna con TEA: jugamos juntos, aprendemos juntos: cooperamos. También vamos a dar información al alumnado con TEA acerca de su propio comportamiento cuando este sea adecuado, y cómo nos sentimos («¡Qué bien lo hemos pasado hoy!», «Juan, qué tranquilo has estado…»; «¡Cuánto has aprendido ya, Carmen!», «Cómo me gusta que hayas conseguido esto»). Para ello, se pueden confeccionar murales para el aula, que muestren reglas claras de comportamientos positivos, apoyadas en imágenes que facilitan su recuerdo.

Para que los alumnos y alumnas puedan desenvolverse en el centro de una forma autónoma y hacer rodar la participación, es necesario garantizar el acceso al entorno físico (que incluye espacios, personas y el transcurso del tiempo), hacerlo comprensible. Encontrarás dinámicas y recursos imprescindibles en el libro “Accesibilidad cognitiva en Centros Educativos”.

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