El reto

Tras la investigación, contamos con mucha y variada información. Ahora pasamos a un proceso de convergencia, en el que tenemos que valorar la información conseguida en aras a definir qué es lo que realmente queremos abordar. Ese objetivo, consiste en la definición del reto.

¿Cómo definir un reto? Una clave en el proceso emprendedor es definir de forma correcta el reto. El reto se convierte en el norte de nuestras actuaciones posteriores. Si no se define de forma correcta, el trabajo que realicemos no será eficiente, y en última instancia, nos llevará soluciones menos poderosas. Podemos afirmar que la calidad de las soluciones que podamos encontrar está en relación directa con la calidad de la definición del reto que vamos a plantear. Se trata de reformular el problema, indicando de forma clara cómo vamos a ayudar al usuario.

Para definir un reto utilizaremos la siguiente fórmula:

"¿cómo prodíamos + verbo". Por ejemplo, ante el problema de peso de los alumnos en sus mochilas, podríamos formular, ¿cómo podríamos llevar menos peso?. Ente las largas esperas en hospitales, podríamos formular ¿cómo podríamos disminuir el tiempo de espera en un hospital? Un reto reformula el problema, y permite verlo de forma más atractiva.

Podremos definir varios retos. La idea es elegir uno de ellos, aquel que el grupo considere el mejor. Pero, ¿Cuál es el mejor? Para ello, podemos dar una serie de pautas para organizarlos entre aquellos más y menos atractivos:

  • Ámbito: un reto es mejor cuántos más usuarios haya para los que diseñar, y cuántos más problemas haya.
  • Gancho: un reto es bueno si es fácil de entender, y queda algo por hacer.
  • Accesibilidad: un reto es mejor cuanto más cerca esté, porque permite el acceso al problema, la observación y la interacción con usuarios.
  • Potencial: un reto es preferible cuando permita diseñar algún producto tangible.
  • Viabilidad: un reto es bueno si tiene tiempo disponible para su realización.
Einstein
Aprende INTEF. Si tuviera una hora... (CC BY-NC-SA)