Elaboración y desarrollo de actividades

Hemos contado algunas de las necesidades previas del docente que se enfrenta con herramientas tecnológicas por primera vez en el aula. También hemos visto los nuevos roles que alumnado y profesorado tienen que acometer si buscamos una renovación pedagógica, y hemos señalado algunos de los beneficios que el uso de la PDI puede suponer en el aula. Nos queda el salto final, además de encender la pizarra, para empezar a trabajar. La pregunta es clara ¿ahora qué? Vamos a intentar proponer algunas de las actividades que podemos realizar. Señalemos previamente algunas ideas previas que deberíamos destacar:

  • La PDI la usaremos cuando sea necesaria; por el tipo de actividad, como recurso o como herramienta motivadora y de ampliación. Usar por usar la pizarra, puede llevar a quemar la herramienta en el aula. Abusar del recurso significa limitar sus posibilidades y funciones. Al entrar en clase podemos encenderla para que su imagen se convierta en algo habitual en nuestra docencia, sin embargo eso no obliga a su uso continuado.
  • Cada una de las áreas y cada uno de los docentes, podrá ampliar y mejorar cualquier propuesta, será la realidad del centro y del grupo la que nos haga ampliar sus posibilidades e imaginar y crear otras nuevas, según las necesidades que vayan surgiendo.
  • Los mejores usuarios de la PDI son los propios estudiantes, seguro que ellos nos ayudarán en su manejo, en la ampliación de recursos y nos abrirán los ojos ante propuestas de todo tipo. Nos sorprenderemos de la imaginación y la magia que se establece entre la pizarra y el grupo.
  • A la hora de usar recursos tecnológicos en el aula, más en concreto la PDI, es indispensable la colaboración de todos los implicados. La búsqueda de recursos, la actualización y las posibilidades de uso y las aplicaciones es una labor colectiva. Un docente motivado y con voluntad, si no encuentra apoyo entre sus compañeros y compañeras, puede sentirse frustrado una y otra vez, y tirar la toalla y al ver cómo le supera la situación. Es importante tener el trabajo bien organizado y comprender que la mejora que hoy aportemos redundará en beneficio de todos. El largo camino de implantación de la tecnología educativa será mucho más corto y sencillo si trabajamos en grupo y compartimos nuestro trabajo con los demás. Una Pizarra Digital Interactiva es un recurso, al igual que un blog o un ordenador, por sí sola no posee ningún valor didáctico. Queda el trabajo de situarla en el lugar adecuado en el proceso de enseñanza-aprendizaje, dotarla de contenidos y de funcionalidad educativa.

Varias son las propuestas que vamos a exponer sobre el uso de la PDI. Partimos de la base que cada uno de los modelos de pizarra existente posee su programa, más o menos complejo, para lo que vamos a exponer no nos fijaremos en ellos, lo que proponemos se podrá desarrollar con las funciones más simples que incluye cualquier pizarra. El uso del resto de herramientas ya forma parte de la destreza del docente, de su formación en ese determinado programa y de la complejidad del mismo. Veremos posibilidades desde el punto de vista del profesorado y del alumnado, contamos con que éstas son sólo de partida, seguro que los profesionales de la educación piensan y crean un sinfín a partir ellas, teniendo como referencia alguna de las orientaciones que estamos viendo.

Múltiples son las propuestas didácticas existentes para el uso de la PDI en el aula. Éstas irán creciendo según las necesidades del profesorado y la realidad. En primer lugar podríamos establecer dos diferencias significativas en un momento inicial; por un lado el uso puntual de la PDI como herramienta de apoyo en la explicación de un contenido determinado, de tal forma que desde la pizarra interactuásemos con el recurso correspondiente: un vídeo, un archivo de audio, un ejercicio determinado, un gráfico, etc. Todo esto apoyado por las herramientas básicas de la pizarra digital interactiva: inserción de textos, tinta electrónica y sus colores, flechas, modo ratón…

Por otro lado el uso del programa propio de cada pizarra, a modo de un programa de presentaciones, tan habitual en estos momentos. Con él podemos insertar y crear unidades completas, propuestas más complejas, llenas de recursos propios y externos, producto de objetivos claros y de un trabajo previo concienzudo. La PDI. Teniendo en cuenta que uno de los objetivos fundamentales que tenemos es la implicación del alumnado en su aprendizaje, actualmente, aquellos docentes que tienen ya una dilatada experiencia, y sus estudiantes, señalan que las mejores unidades que se crean ya no son las elaboradas o preparadas por el profesorado. Son aquellas propuestas construidas por el alumnado, tras un lógico proceso de aprendizaje y de uso de las herramientas y sus posibilidades, teniendo en cuenta los niveles correspondientes, se convierte en un auténtico escaparate de posibilidades y de enriquecimiento

Ante unas indicaciones concretas y claras del docente, sobre qué se pretende y qué contenidos se van a tratar, el alumnado en grupo sería lo correcto, se pone en marcha: insertará vídeos recogidos de la red que ilustren el tema correspondiente; colocará enlaces a recursos existentes que respondan a las indicaciones señaladas (otros podrán ser de fabricación propia); elaborará guiones de exposición para realizarlas a sus compañeros; realizará resúmenes de textos; y finalmente, señalará ante todos los participantes, sus conclusiones y los resultados de su trabajo. Todo esto desde la mirada atenta del docente, en esa labor de apoyo que antes señalábamos y despertando el interés de sus compañeros y compañeras, ante las explicaciones y resultados obtenidos, promoviendo también el debate y el intercambio de ideas y experiencias.

El docente debe ser consciente de su nuevo rol. Es evidente que su participación es fundamental, sin embargo no se trata de utilizar recursos por utilizarlos. A veces observamos complejas recopilaciones (mal llamadas unidades didácticas) de actividades, recursos de todo tipo y diapositivas, una tras otra, que no sólo tienen un tamaño considerable, sino que se trata de páginas y páginas sin sentido ni finalidad educativa, que llevan al hastío y al aburrimiento del alumnado. Otras veces, podemos observar sencillas y breves propuestas, recursos de apoyo y refuerzo, motivadores, con una estructura clara y multitud de posibilidades posteriores, soluciones precisas y concretas.

Para diseñar una unidad correcta, podemos volver nuevamente a la propuesta del modelo MIME-CAIT. Nos sirve para entender qué debería tener esa unidad didáctica que queremos diseñar, está claro que a veces no la desarrollaremos completamente, bien por falta de tiempo o porque no es necesario, sin embargo debemos tener estos puntos en cuenta, pues nos facilitarán bastante el trabajo y ayudarán a desarrollar las ideas fundamentales, a la hora de decidir cómo afrontar la creación de la propuesta.

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