1.1.3. La evaluación y la medición de los resultados del aprendizaje: evaluación formativa y evaluación sumativa

La evaluación de las competencias del alumnado exige nuevos modelos que permitan evaluar los aprendizajes más prácticos. Por eso parece necesario abordar el estudio de las formas en que se pueden evaluar las competencias, y aprender a integrar la evaluación por competencias con la que ya se realiza por áreas y materias.

Esta línea de actuación va encaminada a la consecución del siguiente objetivo específico:

Generar una evaluación basada en competencias, como elemento diferenciador en el contexto de área-materia. Impulsar, por un lado, la evaluación y el reconocimiento de las Competencias Clave adquiridas, mediante la utilización de procedimientos y de criterios que aumenten la transparencia, tanto del proceso de evaluación de los aprendizajes, como del de promoción. Por otro, promover sistemas de evaluación que permitan analizar la bondad del método de enseñanza empleado, elaborando niveles de desempeño de los procesos de enseñanza aprendizaje y que estos tengan un impacto social. 

Evaluar por competencias es un reto para las evaluaciones existentes, las cuales se centran en el conocimiento y limitan las habilidades a contextos temáticos.

En una educación por competencias el enfoque debe ser otro. Si educamos por competencias, enseñamos para desplegar desempeños. Por tanto, la evaluación de las competencias será la evaluación de los desempeños correspondientes de cada una de ellas, más allá de cada área y/o materia de conocimiento. Es decir, las Competencias Clave enfatizan la integración de los conocimientos, habilidades y actitudes requeridas para contextos que van más allá de las fronteras disciplinarias.

El fin de la evaluación en un enfoque competencial ha de ser informar de los logros de los alumnos al final de un período de aprendizaje, para su certificación y/o calificación.

De acuerdo con la Guía para la formación en centros sobre las competencias básicas (MECD, 2013), a grandes rasgos, se pueden atender dos dimensiones de la evaluación:

  1. La evaluación formativa: encaminada a la evaluación de los procesos de enseñanza-aprendizaje que tienen lugar en la práctica educativa, cuyo fin es eminentemente pedagógico y cuyos resultados, por tanto, están expresados en términos de orientaciones para la mejora de los procesos. 
  2. La evaluación sumativa: dirigida a evaluar productos. Tiene, por tanto, un sentido final de un proceso y un carácter social, ya que se emite un juicio en cuanto a la consecución de logros y acreditaciones.

Imagen 1. Las dos dimensiones de la Evaluación

Elaboración propia. Javier M. Valle