Diseño del proyecto

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Imagen: jakeandlindsay con licencia CC by 2.0

Una buena preparación previa del proyecto representa una alta probabilidad de éxito, por lo que se hace fundamental el pre-diseño del proyecto:

  • Los objetivos del proyecto, tomados de aquellas materias o áreas de conocimiento implicadas en el proyecto.
  • El reto, la pregunta o el problema a resolver.
  • El producto final que se espera obtener.
  • Los criterios y mecanismos de evaluación posibles.

Partir para esta primera fase de los criterios de evaluación de las materias o áreas implicadas abre la vía, no sólo a la manera de relacionar el proyecto con el currículo, sino también a cómo vincular las distintas materias del currículo escolar. Pueden resumirse en tres las razones principales por las que elegir los criterios de evaluación para el diseño de un proyecto:

  • Los criterios de evaluación de las distintas materias contienen en su enunciado todas las competencias básicas descritas en la ley, por lo que garantizar el cumplimiento de los criterios de evaluación es, a su vez, una garantía de que se están contemplando todas las competencias básicas en todas las materias, como también prescribe la ley.
  • Los criterios de evaluación están redactados, en buena medida, como actuaciones a realizar en clase. Estas actuaciones son fácilmente exportables al formato de los proyectos de aprendizaje, como veremos a continuación.
  • Diseñar proyectos de aprendizaje a partir de los criterios de evaluación es también la vía más directa para la evaluación de las competencias básicas, como también veremos a continuación.

El análisis de estos criterios de evaluación nos permite ver no sólo que los criterios están redactados en torno al “saber hacer”, sino que algunos de ellos marcan una progresión gradual de complejidad a lo largo de la etapa ("montar y desmontar objetos y aparatos simples", "realizar un proceso sencillo de construcción de algún objeto" y "planificar la construcción de objetos y aparatos").

Por otro lado, también hay criterios de evaluación que no parecen aportar pistas para el diseño de proyectos. Estos criterios, normalmente vinculados con contenidos de “saber” y no tanto de “saber hacer”, pueden también contribuir al diseño de tareas integradas cuando los vinculamos con otros criterios más flexibles y de “saber hacer” en otras materias.

Por ejemplo, en Conocimiento del Medio en Educación Primaria, podemos leer “Conocer los principales órganos de gobierno y las funciones del Municipio, de las Comunidades Autónomas, del Estado Español y de la Unión Europea, valorando el interés de la gestión de los servicios públicos para la ciudadanía y la importancia de la participación democrática”. En este caso, podemos vincular este criterio con los siguientes criterios de lengua castellana:

  • “Expresarse de forma oral mediante textos que presenten de manera coherente conocimientos, hechos y opiniones.”
  • “Captar el sentido de textos orales, reconociendo las ideas principales y secundarias e identificando ideas, opiniones y valores no explícitos.”
  • “Localizar y recuperar información explícita y realizar inferencias en la lectura de textos determinando los propósitos principales de éstos e interpretando el doble sentido de algunos”.

Con ellos podemos diseñar un proyecto en el cual los estudiantes tengan que entrevistar a un político local para averiguar cómo se gestionan los distintos niveles de la Administración Pública y preparar, tras la entrevista, un informe (en papel o digital) en el cual recojan la información obtenida en la entrevista, así como en la lectura de una serie de textos sobre el tema, adecuados a su edad y su nivel de desarrollo.

En resumen, el punto de partida para el diseño de proyectos es la lectura crítica e imaginativa de los criterios de evaluación, tanto para elegir cuál será el producto final de la tarea, como para vincular ese criterio de evaluación con otras materias para enriquecerlo o aportarle un mayor nivel de realismo.

Este trabajo, analítico y creativo, puede ser realizado de manera sucinta por la persona que coordine el proyecto o puede ser desarrollado, preferentemente, por el equipo de trabajo que vaya a desarrollar el proyecto. En todo caso, en esta primera fase el resultado de esta actividad debe ser recogido en un documento mínimo que pueda ser presentado al equipo directivo, al claustro, al alumnado o a otros agentes externos, con el objetivo también de buscar apoyos y recursos.

Contar con los apoyos necesarios en el equipo directivo, el claustro, el alumnado, las familias y la comunidad es importante para el desarrollo de un proyecto. No es infrecuente que los proyectos requieran la revisión de los horarios de manera puntual (labor del equipo directivo), la cooperación de estudiantes de cursos superiores o inferiores (con ayuda de compañeros y compañeras del claustro), la obtención de permiso para salidas (familias) o recursos financieros para la compra de material o para sufragar gastos asociados al proyecto (comunidad y agentes externos). Por todo ello, el pre-diseño del proyecto se convierte en un plan de actuación que se puede mostrar para encontrar apoyos y recursos antes de decidir si el proyecto es factible o no.

Pregunta

Sensitive noise/obvious 2, de Milos Milosevic // CC BY 2.0

Una manera interesante de organizar nuestro proyecto es en torno a un reto, como propone el Challenge-based Learning.

Con frecuencia nuestros estudiantes se enfrentan a retos en su vida: superar un nivel determinado en un vídeojuego, aprender a montar en bici, recoger un número determinado de tapones de plástico para conseguir dinero para una causa humanitaria o tocar un complicado riff con su guitarra eléctrica. Movilizar la energía puesta al servicio de este reto es también el objetivo del Aprendizaje basado en Proyectos.

El punto de partida es una gran idea. Esta idea permite el debate y genera implicación del alumnado a partir de su visión personal sobre la idea en cuestión. Este debate se canaliza hacia la elección de una pregunta fundamental de la cuál obtenemos el reto, una propuesta de actuación concreta para dar respuesta a la pregunta fundamental. A partir de aquí comienza una doble labor: encontrar respuestas a las preguntas que genera el reto y poner en funcionamiento las actuaciones que éste implica. Garantizamos, así, tanto el trabajo cognitivo-académico, como la acción local en el entorno propio de los estudiantes.

Si finalmente contamos con los apoyos necesarios, entonces podemos realizar la planificación detallada del proyecto. Esta planificación implica que se deben establecer:

  • los objetivos del proyecto de aprendizaje,
  • la secuencia de actividades que realizarán los estudiantes,
  • las tareas a realizar por parte del profesorado para desarrollar el proyecto,
  • los productos parciales y el producto final del proyecto,
  • el calendario de hitos,
  • el listado de recursos,
  • los criterios, mecanismos e instrumentos de evaluación,
  • la propuesta de difusión.

De todos estos puntos, hay dos aspectos que exigen un comentario más detallado: las tareas del profesorado y el calendario de hitos.

En primer lugar, no se deben confundir la secuencia de actividades para los estudiantes y el listado de tareas del profesorado. En todo caso, es interesante organizar el trabajo del profesorado con una tabla como la siguiente:

Fase del proyecto  Tarea Productos Participantes Persona responsable
¿En qué momento del proyecto debe el profesorado realizar la tarea? ¿Cuál es la tarea a realizar por el profesorado? ¿Qué producto se espera como resultado de la tarea? ¿Quiénes deben realizar la tarea? ¿Quién coordina la realización de esta tarea?
Por ejemplo: Fase de búsqueda de información en el proyecto "La pesca" Diseñar una caza del tesoro que permita al alumnado localizar y leer información sobre el tema del proyecto. Blog de sobre "La pesca". Profesor tutor con el apoyo de profesorado de Idioma Extranjero y Música. Coordinador TIC del Centro

Por último, una sencilla manera de realizar el seguimiento del proyecto una vez que esté funcionando, y de garantizar el éxito del mismo y del estudiante que participe en él, es crear un calendario de hitos. En realidad, un calendario de hitos supone simplemente dejar muy claro al alumnado, desde el principio, cuáles son los productos parciales del proyecto y cuándo deben estar finalizados (y cómo serán evaluados). De esta forma, el alumnado podrá ir obteniendo resultados parciales que conducirán a la elaboración de un producto final de calidad. Apostamos, así, por garantizar el éxito de todo el alumnado a través de pequeños logros graduales.