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Historias de la ciencia: La ciencia del Estado

Etimológicamente, la palabra "estadística" significa ciencia del Estado, origen que se debe al uso que gobernantes y administradores han hecho de sus procedimientos a lo largo de la historia. La recogida de datos y su manipulación estadística, más o menos desarrollada, se ha empleado en el ámbito estatal especialmente a partir del siglo XVII para organizar los diversos aspectos de una sociedad, como son los demográficos (censos, estadísticas de nacimientos, fallecimientos, etc.), los comerciales y económicos, etc.

Uno de los primeros análisis de este tipo fue publicado en 1662 por el inglés John Graunt (1620-1674). Basándose en los datos semanales de fallecimientos en Londres, estableció tendencias de mortalidad anual y estacional y las causas más frecuentes de enfermedad. Graunt es considerado por algunos como el primer demógrafo y epidemiólogo, pero su verdadera profesión era mercero.

A principios del siglo XIX comenzó a emplearse la estadística en ámbitos distintos a los estatales, y hoy es una de las herramientas más importantes de las ciencias, tanto sociales como naturales. Sin embargo, para que la estadística arroje claridad sobre la ciencia, y no confusión, es necesario interpretar correctamente los resultados que ofrece. En relación con esto, el escritor norteamericano Mark Twain popularizó la siguiente expresión: "There are three kinds of lies: lies, damned lies, and statistics" ("Existen tres tipos de mentiras: mentiras, mentiras absolutas, y estadísticas"). Twain atribuyó la frase precisamente a un político, el primer ministro británico Benjamin Disraeli, aunque no está claro que realmente fuera suya. Otra crítica humorística en la misma dirección se debe al escritor irlandés Bernard Shaw: "La estadística es una ciencia que demuestra que, si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno" (en referencia a la media aritmética).

 

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Licencia: dominio público. Fuente: Pixabay.
 

 

En realidad, nunca ha sido necesario saber de estadística para ser considerado un buen estadista, pero la confusión derivada de la inadecuada interpretación de resultados estadísticos sí que es empleada por muchos políticos. Un buen ejemplo es el de los dos coches del vecino; otro ejemplo parecido, también relacionado con las medidas de centralización, es el del salario medio que veíamos antes: el hecho de que unas pocas personas reciban salarios desorbitados aumenta el salario medio, pero la cantidad que percibe la mayoría (moda) dista bastante de ese valor.