I.M. en la escuela inclusiva

La teoría de las inteligencias múltiples nos ayuda a comprender mejor la inteligencia humana, facilitando elementos para la enseñanza aprendizaje, siendo un punto de partida para una nueva comprensión de las potencialidades de nuestros alumnos.

Se trataría de analizar los perfiles de cada alumno en el desarrollo de sus múltiples capacidades, para así poder desarrollar un programa individualizado de enseñanza, tiene como objetivo trasformar las aulas en espacios en los que se aprenda de todo siempre desde las características propias de cada uno. Tal y como señalábamos anteriormente, los puntos fuertes de cada niño han de ser puente para el trabajo de otras capacidades en las que pueda tener más dificultades. Esta perspectiva es interesante en la población escolar en general, pero lo es especialmente, en la población escolar de niños y niñas con discapacidad. Diagnosticar una discapacidad supone determinar una serie de dificultades en unas áreas pero no en todas las dimensiones del desarrollo humano. Implica una mayor dificultad para el razonamiento numérico, por ejemplo, pero no para la orientación espacial o el sentido del ritmo. Una discapacidad intelectual no imposibilita el desarrollo pleno de otras capacidades y, si no, volvamos a leer las biografías de personas excepcionales que en las unidades elaboradas en Proyecto Recapacita de FUNDACIÓN MAPFRE en su tercera convocatoria, se presentan. Judith Scoot, escultora reconocida internacionalmente y persona con Síndrome de Down; o Temple Gardin, una mujer con Trastorno de Asperger, pero reconocida científica por su aportación al mundo de la etología y zoología. Pero, además, tener otras capacidades y poder desarrollarlas ayuda a que allí donde tenemos limitaciones surjan avances y mejoras, y que aquellos temas o conceptos que puedan resistirse más en el aprendizaje, se logren con la aproximación desde las capacidades más que desde las limitaciones.

Por todo ello parece claro que esta teoría sirve de mucho en contextos de inclusión en los que se parte de valorar a cada alumno en su diferencia, en entender que todos tenemos capacidades y limitaciones, los que tienen un diagnóstico y los que no. Por lo tanto, la apuesta de la escuela y su gran reto debe ser aprovechar esa diversidad para el enriquecimiento de cada uno. Responder a las necesidades individuales eliminando todas las barreras de aprendizaje que existan, por ejemplo, permitiendo aproximarse al conocimiento a cada alumno desde su capacidad o capacidades más destacadas, para lograr un desarrollo integral.

Una vez entendida la teoría de las Inteligencias Múltiples y su importancia en el desarrollo de todos los niños, y por lo tanto también su positiva influencia en el modelo de escuela inclusiva, vamos a detenernos en proporcionar algunas herramientas para que el profesor pueda trabajar de esta manera en su aula. El objetivo principal de la aplicación curricular de las Inteligencias Múltiples es ayudar a los niños a la verdadera comprensión de los contenidos que han de aprender. Todos tenemos la experiencia de poder contestar a muchas preguntas de un examen, de un concurso, tener en nuestro cerebro acumulados muchos datos pero, a la vez, no estar seguros de haber comprendido en profundidad esos conocimientos. Que un niño sepa resolver sumas, ¿significa que ha entendido el concepto de la suma?; que un adolescente sea capaz de definir célula, enumerar sus componentes y hablar sobre sus funciones, ¿significa que puede comprender la importancia que las células tienen para la vida humana? El desarrollo curricular de las Inteligencias Múltiples, favorece esa verdadera comprensión y, por lo tanto, ayuda al profesor a desarrollar las competencias de sus alumnos y no tanto a trasmitir una información hecha de datos o procedimientos. Dice Monserrat del Pozo,religiosa, pedagoga, pionera en aplicar la Teoría de las Inteligencias Múltiples y promotora de uno de los procesos de innovación pedagógica más interesantes en el panorama español, que no es lo mismo saber muchas recetas que ser buen cocinero. ¿Te fiarías de alguien que te asegura que es buen cocinero pero que no te deja probar sus platos sino que te deja una serie de recetas escritas? Las inteligencias son las potencialidades que cada uno de nosotros tenemos. Las actividades son aquellas tareas que yo desarrollo en torno a estas inteligencias, y las competencias son las evidencias que tenemos de que esa potencialidad a través de una actividad ha conseguido éxito y eficacia. Siguiendo con el símil de la cocina, mi predisposición, el conjunto de potencialidades que yo pueda tener para la cocina, es una inteligencia. Por ejemplo, pueden ser esas potencialidades la paciencia, el buen ojo para elegir los productos, un sentido del olfato o del gusto muy desarrollado o mis recetas personales. Ponerme a hacer unas torrijas con el proceso planificado y ejecutado según esa planificación, supone ya cocinar, la actividad; pero el resultado de esa actividad, el sabor, la textura, la presentación de mis torrijas, la innovación personal de un plato tradicional, y por supuesto la cara de satisfacción de mis comensales, es la evidencia real de que soy buena cocinera, de mi competencia para la cocina. Aunque nacemos con unas potencialidades más desarrolladas que otras, todos podemos no solo alcanzar cotas máximas en esas inteligencias más innatas, sino también lograr un desarrollo adecuado e incluso bueno en otras inteligencias. Por eso la educación es la clave, educar para comprender el mundo desde todas nuestras inteligencias, es educar al alumno en su totalidad y de forma individualizada.

En el aula, la Teoría de las Inteligencias Múltiples ha de ser desarrollada de una forma específica, atendiendo a metodologías que huyen de la enseñanza tradicional. El aprendizaje por Inteligencias Múltiples busca adquirir destrezas vinculadas al desarrollo natural y real de las situaciones del día a día, para conseguir capacidades que aportan al individuo flexibilidad y creatividad a la hora de enfrentarse a nuevos retos. Esta visión es absolutamente coherente con la realidad que vivimos, inconstante e incierta, sobre la que no podemos estimar qué sucederá.  A pesar de ello, el reto educativo sigue siendo el mismo: preparar a las nuevas generaciones para el mundo futuro que les aguarda.